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En 1983 un gran intelectual industrialista llamado Marcelo Diamand (injustamente ignorado por el pensamiento económico dominante) escribió un texto clásico que (leído hoy) es una gran advertencia para el Presidente. Es casi una profecía que, como se verá, tiene una fuerza arrolladora. Tanto, que el gran desafío de Macri será, justamente, vencerla.

El texto se llama “El Péndulo argentino, ¿hasta cuando?”, se encuentra fácilmente en internet y su lectura estremece porque allí están descritos, ¡décadas antes de que sucedan!, el auge y el fracaso k, tanto como los primeros dos años macristas. Si la historia se repitiera de manera inexorable, todo terminaría mal: se cumpliría esa profecía maldita. Pero, aunque el peso de los abismos del pasado tenga un gran poder magnético, eso no quiere decir que la pelea esté terminada.

Diamand describe de esta manera, dos décadas antes de que llegara al poder, los comienzos del kirchnerismo. “Sus ideas económicas reconocen la inspiración del modelo keynessiano y del nacionalismo económico. Sus principales objetivos son la distribución progresiva del ingreso y el pleno empleo. El primer objetivo se instrumenta mediante mayores beneficios sociales, aumentos nominales del salario y a menudo controles de precios. También se recurre el manejo de los grandes instrumentos de política económica, como el tipo de cambio y las tarifas de los servicios públicos, en función del objetivo prioritario de evitar que aumente el costo de vida. El segundo objetivo se logra asegurando un alto nivel de demanda. Las etapas expansionistas suelen empezar con el aumento de los salarios reales, el crédito barato, el incremento de la actividad económica y una euforia en el sector industrial y comercial”.

Luego, el autor describe el proceso que llevó al ocaso al movimiento fundado por Néstor Kirchner. “Sin embargo, la mayoría de las veces, esta etapa no dura mucho. El déficit del presupuesto crece, la balanza comercial se desequilibra, aparece el desborde sindical, surge el desabastecimiento y se acelera la inflación. El proceso culmina con el agotamiento de reservas del Banco Central y en una crisis de la balanza de pagos. La expansión se detiene y se inaugura una etapa económica caótica. A medida que pasa el tiempo aumenta la oposición de los estratos influyentes de la sociedad y, finalmente, sobreviene la caída del equipo económico o del Gobierno”.

El texto es especialmente agudo cuando anticipa el balance que hace el kirchnerismo de su derrota. “Aunque admite algunos errores, tiende a minimizar su importancia y como justificación principal de su fracaso alega la insuficiencia del poder popular para manejar los resortes clave de la economía y la resistencia de poderosos grupos económicos nacionales e internacionales”.

¿Qué ocurre luego de este fracaso? Llegan otros gobernantes. ¿Qué hacen? Es otro punto de una anticipación casi mágica. “La caída del poder popular provoca siempre un brusco vuelco hacia la ortodoxia económica, ahora identificada con lo ‘serio’ en la economía. En general, los equipos ortodoxos llegan al poder en medio de una crisis de la balanza de pagos. Sus respuestas frente al problema son una serie de propuestas que involucran una brusca devaluación, un aumento de los ingresos agropecuarios, una caída de los salarios reales, una drástica restricción monetaria, una recesión de mayor o menor profundidad, y un deliberado esfuerzo de atracción de capitales extranjeros. De acuerdo con las afirmaciones de la ortodoxia, la recesión y la caída de los salarios reales no serían más que perjuicios momentáneos que corresponderían a un período inevitable de sacrificio necesario para ordenar y sanear la economía”.

O sea, que en 1983, Diamand describió lo que ocurriría en 2016. Luego, sigue con 2017: “Esa política puede lograr ciertos éxitos al comienzo. La tasa de inflación, que siempre aumenta inicialmente a raíz de la devaluación, más adelante suele disminuir, los capitales financieros afluyen del exterior y el salario real en parte se recupera”.

El final de la historia, no es feliz. Así lo describe Diamand: “Sin embargo, el algún momento del proceso sobreviene una crisis de confianza. El flujo de capitales financieros se invierte. Los préstamos del exterior que habían ingresado comienzan a huir. Se produce una fuerte presión sobre las reservas de divisas, una crisis en el mercado cambiario y una brusca devaluación. Caen los salarios reales, disminuye la demanda, la tasa de inflación otra vez aumenta vertiginosamente y se vuelve a caer en una recesión más profunda que la anterior”.

Diamand explica el proceso que lleva a la nueva crisis como si estuviera leyendo la realidad económica argentina de estos días. “Los prestamos ingresan en divisas. Por lo tanto, las amortizaciones y los intereses (o los dividendos) también deben ser pagados en divisas. El destino más frecuentes de los aportes extranjeros consiste en proveer un respiro en el sector externo que permita evitar una recesión y haga posible que continúe el crecimiento de la producción para el sector externo. A medida que logra su objetivo, se consumen más divisas. Se agrega además el pago de los nuevos préstamos y así se incrementa por doble vía el proceso inicial. Para mantener el equilibrio en el mercado cambiario, es necesario que los créditos se vayan renovando una vez que vencen. Además, para compensar los intereses y el aumento de los gastos de divisas, es necesario que se vaya incrementando en forma continua el volumen de nuevos créditos e inversiones que ingresan. Se genera así un proceso de endeudamiento acumulativo que tarde o temprano tiene que desembocar en una nueva crisis de la balanza de pagos, más grave que la anterior”.

Si uno mira los números argentinos, la manera en que se acumula deuda y crece el déficit de la balanza de pagos, ese texto tan agudo no puede menos que generar inquietud. Tanta es la preocupación que genera que, justamente, hace dos días, el Gobierno dio un vuelco en su política económica.

El destino parece escrito, una vez más, de antemano. Macri va a fracasar. Pero el Presidente dice que no estamos condenados. ¿Será así?

Fuente: Infobae

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