Grabois, un abogado de 34 años, es asesor del Pontificio Consejo de Justicia y Paz y tiene una relación estrecha con Jorge Bergoglio desde que el entonces cardenal celebró en 2005 una misa para chicos cartoneros.

“Su vicio es la violencia. El resentimiento. Sus amigos del Cardenal Newman son más high y este hombre parece tener una necesidad constante de reafirmarse degradando a otros.”

En los últimos años Grabois participó de los encuentros de movimientos sociales alentados por el Papa en Bolivia y en Roma. En la Argentina las columnas de la CTEP integran el paisaje habitual de las movilizaciones. El 14 y el 18 de diciembre marcharon junto con las columnas sindicales al Congreso contra el recorte en la jubilación y en la Asignación Universal por Hijo. Sufrieron una represión que, según Grabois, tiene un sello político.

–En la etapa preelectoral, antes del 22 de octubre, se venía profundizando el discurso represivo oficial –dice—. El Gobierno sintió que había una especie de necesidad de refirmar autoridad y mostrar fierros en la calle para consolidar el voto con la idea de que muchos querían y aprobaban eso. Pusieron a una ministra a cargo de las barbaridades. Patricia Bullrich alimenta el vicio de Mauricio Macri.

–¿Cuál sería el vicio?

–Su vicio es la violencia. El resentimiento. Sus amigos del Cardenal Newman son más high y este hombre parece tener una necesidad constante de reafirmarse degradando a otros. Macri repite el discurso de la meritocracia pero no es un self made man sino el heredero de la fortuna de su padre que no fue precisamente un enterpreneur sino un beneficiario de la corrupción del Estado. Macri sabe que la violencia es un camino peligroso pero lo sigue porque está obsesionado con mostrar autoridad. Es su vicio. Si tenés tanta obsesión por demostrar que no sos Fernando de la Rúa, ¿no será que un poco te parecés? Autoridad viene del griego auctoritas y en sentido amplio significa ayudar a crecer, no impedir que crezca lo que no te gusta.

–Fernando de la Rúa quiso demostrar autoridad mediante la violencia. El 20 de diciembre de 2001, último día de gestión, el Estado mató.

–Me llevaron preso. Tenía 18 años. Fue un día raro. Pasé de una comisaría a otra. Y el lunes de la última sesión en la Cámara de Diputados, la que terminó aprobando el recorte, el 18 de diciembre, también fue raro.

“No hay un proyecto macrista de país.”

–¿Por qué?

–Discutir si fueron 200 piedras o cinco mil las que tiraron es una falta de perspectiva histórica. No pueden hacerse análisis con un abordaje policial de las cosas. Si no la discusión es tonta. Se tendría que haber evitado la situación. Primero, no cometiendo la injusticia del recorte a los sectores más desprotegidos. Y segundo, cambiando el planteo del debate. En la Argentina del siglo XXI pensar que te vas a llevar puesto a las patadas a todo el mundo todo el tiempo es un error. Puede durar muy poco. Aunque algunos terminen por creerse sus propias mentiras y se convenzan de que el RAM es una peligrosa organización guerrillera transnacional. Bueno, ahora están convencidos de que todo manifestante es un conspirador trosko-kirchnerista que quiere voltear al gobierno. La persecución a Cristina Fernández de Kirchner y a su familia, además de una inmoralidad, es un factor de desestabilización política que solo le sirve a quien no quiere que la Argentina tenga un desarrollo democrático normal: Cristina representa al 15, al 20 o al 25 por ciento, no sé, no importa, pero son muchos. No se la puede perseguir así. Lo mismo pensaría yo si el macrismo perdiera las elecciones y se desatara una cacería de brujas contra ex funcionarios de este gobierno.

-No quiero el caos: esa es la política del Imperio para impedir el desarrollo integral de los pueblos. El Gobierno se acomoda a la coyuntura del mundo con una idea cortoplacista, que tiene que ver con su naturaleza posmoderna. No hay un proyecto macrista de país.

Fuente: Página/12

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