—A nivel país, ¿cómo nos ves hoy?

—Me puedo dar más cuenta por el tema cultural. Siento que el país avanza, retrocede, avanza, retrocede; desde que tengo memoria es igual. Avanza y hay ciertos espacios que se abren a lo creativo de una manera más interesada por el arte, y momentos en donde no hay tanto interés por la cultura. Esta obra es autogestionada: nosotros quisimos hacerla y La Plaza apostó por la obra y todo bien, sin ayuda de nadie. Si quiero filmar mi primera película como quiero y tengo un guión, no puedo.

—¿Por qué? ¿Cómo venís con ese proyecto?

—No puedo. La Ley de Fomento no apoya un proyecto de las características de una primera película mía. Porque tenés que haber filmado no sé cuántas cosas presentadas en no sé dónde, no importa que trabaje hace veinte años. El Instituto de Cine no está hoy apoyado de la manera en que se hacía antes. Y no hablo del gobierno anterior, hablo en general. Cuando yo tenía 19 años hicimos “Caja negra”, y la hicimos nosotros. Bueno, es eso, es volver a las fuentes, autogestionar y encontrar la manera. Obviamente, la voy a hacer igual, pero tengo que encontrar otra forma. Poner el ojo en que lo único que se tiene que hacer es lo que dé plata, es horrible.

—¿Cómo le explicás al que plantea que en un país con un 30% de pobres, no debe invertirse en cultura? Más allá del cine, porque la plata del INCAA es de la venta de las entradas.

—Eso te iba a decir. El cine no le quita plata a ninguna otra área. Eso está bueno aclararlo porque dicen: “Querés hacer una película con mi plata”. No. Es un ente que se financia solo.

—Más allá de esto pienso en los museos, en los festivales, en la cultura en general: ¿por qué sigue siendo importante la cultura?

—Igual, obvio, si me decís así claramente prefiero que se construyan hospitales, escuelas, que la salud pública y la educación pública se ordenen y arranque de una manera con sentido común, pensando en la gente. Es casi infantil lo que digo: mi hija (Libertad, de cinco años) podría gobernar el país de una manera más sensata (risas).

—¿Hay alguna figura de la política, aunque no acuerdes ideológicamente, que te parezca un lindo personaje para interpretar?

—Lilita Carrió es un gran personaje para interpretar por las características que ya todos conocemos. Pero las mujeres que admiro son otras. A Myriam Bregman la amo, a Vicky Donda también. Cada una a su manera y con su estilo tienen cosas para decir y hacer. Vicky Donda es una diputada joven que legisló leyes increíbles y creo que tiene un récord de leyes legisladas; Myriam y su actitud y cómo se presenta ante el mundo: esas mujeres nos tienen que representar, tienen cosas para decir. Más allá que el mundo de la política es un mundo muy particular y hay que tener habilidad para lidiar con esos bueyes. Bueno, sin ir más lejos la sesión por la Ley Previsional fue re interesante, fue como el Mundial: estábamos todos ahí clavados viendo a todos los diputados que hablaban, no hablaban, los personajes. Y hay muchas mujeres metidas ahí.

—¿Estábamos viendo lo que decían? ¿O estábamos viendo cómo se peleaba la gente que nos representa y lo que pasaba afuera?

—Sí, una cosa desconectada total de la realidad. La realidad era la calle. A la vez me pareció muy interesante antropológicamente hablando ver a toda esa gente exponer cómo alguien se pelea con otro: Lilita hablaba, saltaba el otro, le decía no sé qué, como algo de un circo que no estamos acostumbrados a ver que me parece muy interesante, la verdad.

Fuente: Teleshow